La inteligencia artificial actualmente interviene en las actividades cotidianas de las empresas, entre ellas: mantenimiento predictivo, control de calidad, planificación de producción y análisis de riesgos operativos. Sin embargo, a medida que crece su adopción, surge una pregunta crítica: ¿quién asume la responsabilidad cuando una decisión automatizada sale mal?
Hablar de ética en la inteligencia artificial industrial no es un ejercicio filosófico, es un ejercicio de gobernanza, una necesidad operativa y estratégica para ingenieros, supervisores y directivos de las organizaciones, los cuales son tomadores de decisiones en estos contextos técnicos.
¿Qué significa la ética en la inteligencia artificial industrial?
En el entorno industrial, la ética está representada como el conjunto de principios y valores que orientan las acciones de la organización y su marco normativo, a su vez, esta se traduce en responsabilidad, trazabilidad y supervisión. Un algoritmo puede analizar millones de datos y generar recomendaciones, pero no posee criterio moral ni responsabilidad legal.
La ética en la IA debe responder al desafío de una filosofía de gestión que implique garantizar que:
- Las acciones estén alineadas a valores organizacionales, como por ejemplo confianza (en los datos e información), seguridad (privacidad de los datos).
- Las decisiones automatizadas sean explicables.
- Exista supervisión humana en procesos críticos.
- Se pueda rastrear un proceso de forma que, se entienda cómo y por qué se tomó una decisión.
- Transparencia en la decisión.
- No se delegue completamente el juicio profesional a un sistema.
El uso de la IA en los entornos laborales representa un componente que se integra a las dinámicas diarias, donde se busca el logro de las metas organizacionales y la efectividad, para una toma de decisiones fundamentada en criterios claros como la responsabilidad y la sostenibilidad. En otras palabras, la tecnología no reemplaza la responsabilidad humana, la transforma.
¿Quién asume la responsabilidad cuando la IA falla?
Uno de los debates más relevantes en torno a la responsabilidad en decisiones automatizadas es determinar quién responde ante un error: ¿el desarrollador del algoritmo? ¿La empresa que lo implementó? ¿El profesional que confió en la recomendación?
Los análisis recientes sobre liderazgo y algoritmos coinciden en un punto clave: los sistemas de inteligencia artificial no tienen personalidad jurídica, la responsabilidad siempre recae en los actores humanos quienes son los que gozan de autonomía y voluntad. Al integrar la IA a los procesos deben establecerse en primera instancia las directrices que guiarán su implementación.
En el contexto industrial, la responsabilidad puede dividirse en tres niveles:
- Desarrolladores, responsables del diseño y entrenamiento del modelo.
- Organizaciones, que deciden implementar el modelo en procesos reales.
- Profesionales técnicos, que interpretan y ejecutan decisiones basadas en sus resultados.
Por ejemplo, para el caso de un sistema de mantenimiento predictivo que no detecta una falla crítica y se produce una parada no programada, la empresa no puede atribuir el error exclusivamente al software. Debe analizar si hubo validación humana suficiente, si los datos eran adecuados y si existían protocolos de supervisión, al buscar una causa raíz se llega hasta el error humano.
La ética en la inteligencia artificial industrial exige evitar lo que algunos expertos denominan externalización de la moral, esto es culpar al algoritmo en lugar de revisar los procesos humanos detrás de su uso.
¿Puede la IA reemplazar el criterio técnico?
La inteligencia artificial procesa datos; el profesional técnico interpreta el contexto.
Un modelo puede recomendar extender la vida útil de un equipo basándose en patrones históricos. Sin embargo, un ingeniero experimentado sabe que, las condiciones ambientales, variaciones operativas o cambios recientes pueden alterar ese pronóstico.
El riesgo aparece cuando la confianza en la automatización supera el pensamiento crítico. La dependencia excesiva de algoritmos puede generar complacencia técnica y reducción del análisis independiente.
Por ello, la supervisión humana en IA no es opcional en entornos industriales, debe considerarse un requisito de gobernanza. La decisión final, especialmente en áreas de seguridad, calidad o integridad de activos, debe pasar por un proceso de validación profesional.
La IA es una herramienta de apoyo a la toma de decisiones, no un sustituto del juicio técnico.
¿Cómo debe actuar el profesional técnico frente a la IA?
La transformación digital exige nuevas competencias, entre ellas, la responsabilidad profesional frente a los algoritmos. Un ingeniero o técnico que utiliza inteligencia artificial en la industria debería:
- Verificar la coherencia de los resultados de la IA.
- Comprender los límites del modelo utilizado.
- Documentar decisiones respaldadas por sistemas automatizados.
- Exigir transparencia y explicabilidad en los procesos.
- Participar en capacitaciones sobre gobernanza de inteligencia artificial.
No se trata de desconfiar de la tecnología, sino de integrarla con criterio.
Además, las organizaciones deben establecer marcos claros de gobernanza de inteligencia artificial: protocolos de supervisión, auditorías internas y mecanismos de revisión cuando ocurra una desviación.
La ética en la inteligencia artificial industrial no es solo un tema normativo. Es un factor de competitividad y reputación. En sectores donde la seguridad y la continuidad operativa son críticas, delegar decisiones sin control puede generar consecuencias técnicas, económicas y legales significativas.
Conclusión
En los entornos industriales actuales, cada vez más automatizados, la discusión no debe centrarse en si usar o no inteligencia artificial, sino en cómo integrarla de forma responsable y consciente. La ética en la inteligencia artificial industrial no es un complemento teórico, es un criterio operativo que impacta directamente la seguridad, la calidad y la sostenibilidad de las organizaciones.
El profesional técnico sigue siendo el actor clave en la toma de decisiones, la IA puede aportar análisis avanzados y procesamiento masivo de datos, pero el juicio crítico, la validación contextual y la responsabilidad final permanecen en manos humanas. Delegar sin supervisar no es innovación; es riesgo.
En este escenario, la ética se convierte en una competencia estratégica para el profesional técnico.
Referencias
- Business Insider España. ¿Quién asume la responsabilidad cuando una decisión tomada con IA sale mal: el líder o el algoritmo? https://www.businessinsider.es/liderazgo/quien-asume-responsabilidad-cuando-una-decision-tomada-con-ia-sale-mal-lider-algoritmo_6923779_0.html
- ITDO. Responsabilidad en la IA: ¿Quién da la cara cuando falla el algoritmo? https://www.itdo.com/blog/responsabilidad-en-la-ia-quien-da-la-cara-cuando-falla-el-algoritmo/
- DIG. Responsabilidad en decisiones automatizadas con IA. https://www.dig.es/responsabilidad-en-decisiones-automatizadas-ia/

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